Desde tiempos inmemoriales, la humanidad tuvo una curiosidad inmensa por ir más allá del manto azul que techa nuestra percepción diurna, de explorar los confines del cosmos y ser testigos cercanos de las maravillas que las noches más claras nos pueden regalar.

Esta es la historia del hombre que encendió los motores que nos llevaron por primera vez a superar los límites de la imaginación y a romper las barreras que por eones, los cielos han impuesto.

¡Despegamos!

¿De quién hablamos? Del “Diseñador Jefe”, como lo conocían sus allegados, Serguéi Pávlovich Koroliov (en ruso Сергей Павлович Королёв). Nacido el 30 de diciembre de 1903 en la ciudad de Zhytomyr, actual Ucrania, fue la mente maestra detrás del programa espacial soviético.

Todo comenzó con un gusto por la aeronáutica, en la cual incursionó desde temprana edad haciendo diseños de planeadores, lo que poco a poco lo fue conduciendo por un camino académico y profesional que culminaría dejándolo en la cumbre del desarrollo tecnológico espacial. Inicialmente, en 1922, estudió en una escuela de desarrollo profesional en la ciudad de Odesa, un grado similar a lo que ahora en México sería el bachillerato. Posteriormente continuó sus estudios en la Instituto Politécnico de Kiev en donde se unió a un grupo en el cual continuó su gusto por el diseño de planeadores y, finalmente, en la Universidad Técnica Estatal Bauman de Moscú, de donde se graduó en 1929.

Fue miembro cofundador del Grupo de Investigación de Propulsión a Reacción (GIRD, por sus siglas en ruso), donde en los primeros dos años de la década de los años treinta, él y los integrantes del GIRD, comenzaron a probar cohetes con motores de combustión líquida incrementando gradualmente su tamaño y capacidades. Dos años después de su fundación y gracias al interés que la Unión Soviética comenzó a tener en el desarrollo de la propulsión de cohetes, el GIRD se terminaría convirtiendo en el Instituto de Investigación de Propulsión a Reacción (RNII, por sus siglas en ruso), en donde se trabajó éste tipo de propulsión en planeadores, y llegando hasta la consolidación del Koroliov RP-318 en 1936, misma que fue la primera aeronave rusa impulsada por cohetes.

El 27 de junio de 1938, fue obligado bajo amenazas a confesar alta traición a la Unión Soviética, y fue condenado a 10 años de prisión en el apogeo de las purgas de Stalin, siendo llevado prisionero a un gulag en Siberia, lugares en los que eran encarcelados aquellos que eran considerados enemigos del régimen soviético, y en donde su salud se vio severamente deteriorada debido a trabajos forzados en una mina de oro.

Luego, al comienzo de la 2da Guerra Mundial, tanto su talento como el de muchos otros ingenieros aeronáuticos, fue requerido para la generación de armas para el Ejército Rojo en la confrontación con la Alemania Nazi. De esta manera fue trasladado a una Sharashka en la ciudad de Omsk, que eran complejos de desarrollo científico y tecnológico pertenecientes al sistema de los gulag en donde los prisioneros con la capacidad de ser explotados en beneficio de la Unión Soviética podían trabajar en áreas referentes a sus especialidades con un trato menos severo que en otros complejos para prisioneros. Estando en la Sharashka, fue cuando trabajó con Serguéi Tupolev en el desarrollo del bombardero Tu-2.

El desconocido padre de la conquista del espacio

Posteriormente al ser liberado del sistema de los gulag, fue designado ingeniero jefe en un proyecto para desarrollar un misil balístico de largo alcance basado en los misiles V-2 alemanes, los cuales estuvo estudiando en la misma Alemania cuando la 2da Guerra Mundial terminó.

Dicho proyectó culminó en el famoso cohete R-7, diseño que posteriormente terminaría siendo modificado y sería el lanzador del primer satélite artificial de la historia, el Sputnik I el 4 de octubre de 1957.

Fue así como Koroliov empezó a liderar una gran cantidad de proyectos espaciales, de índole científica y militar de la Unión Soviética.

Familia de cohetes R7

Familia de cohetes R-7

En la primera parte de la década de los años sesenta, Koroliov encabezó el proyecto que tenía como objetivo llevar a un cosmonauta soviético en la Luna. Para esto definió tres importantes etapas como antecedentes, que fueron:

  1. Probar que el cuerpo del ser humano resistiría las condiciones de espacio exterior, un objetivo logrado con los viajes en las naves Vostok y Voskhod.
  2. Realizar un reconocimiento de la superficie lunar para comprobar que cualquier vehículo o cosmonauta que alunizara, no se hundiría en el polvo lunar. Este bjetivo se cumplió con las sondas Luna 1, 2 y 3
  3. Construir un motor capaz de poner en órbita tanto a los cosmonautas que irían a la luna, como los vehículos y todo el equipo necesario para llegar a ella y explorarla.

El tercer objetivo no pudo ser cumplido a pesar de que en 1962 se empezó a desarrollar el cohete N-1 que sería capaz de levantar alrededor de 50 toneladas pero que nunca logró un vuelo exitoso.

Prueba de lanzamiento del cohete N1

Prueba de lanzamiento del cohete N-1

Uno de sus más prolíficos trabajos fue también el desarrollo de la familia de cohetes y naves espaciales Soyuz, que hasta ahora han sido los más exitosos en la historia del desarrollo espacial.

Su identidad fue desconocida para el mundo durante todo el tiempo que duró su trabajo, ya que por la naturaleza de los proyectos en que trabajaba, es decir, los secretos más grandes de la Unión Soviética, hicieron que su misma identidad tuviera que ser un secreto de estado.

El Diseñador Jefe parte, pero el sueño no termina.

Finalmente, Serguéi Koroliov falleció el 14 de enero de 1966 en una operación quirúrgica, debido a complicaciones causadas por su deteriorado estado de salud, consecuencia de su estancia en la mina del gulag. Fue así como la vida de uno de los hombres más sobresalientes de la historia de la ingeniería se apagó en el más profundo anonimato, aunque este no duró mucho tiempo. Poco después de su muerte, su identidad empezó a ser revelada, aunque de forma muy fragmentada y distorsionada por el gobierno y la prensa soviéticos, siendo hasta 1994, cuando Yaroslav Golovanov publicó un trabajo biográfico sin censuras y su hija, Natasha Koroliova, publicó una obra biográfica de su padre en 2002.

La vida de Koroliov presentó muchas dificultades que terminaron por mermar su existencia física, sin embargo su legado son las puertas abiertas para vencer la frontera azul sobre nuestras cabezas, y un gran ejemplo de que nada ni nadie es un impedimento para luchar y cumplir los sueños, sea cual sea el camino para llegar a verlo consumado, o bien, sentar las bases para que generaciones más afortunadas puedan conseguir lo que alguna vez solo fue posible en la imaginación.

Por Francisco García

Fuentes: