La relevancia histórica que tuvo la puesta en órbita del Sputnik 1 es sin duda algo que la mayoría de las personas de la civilización moderna conocen y comprenden, pero ¿qué hay detrás de la concepción de la idea que fue un parteaguas en la historia tecnológica de la humanidad? ¿Fue fácil el camino para que el 4 de octubre de 1957 el primer artefacto construido por el hombre orbitara la Tierra? ¿Quiénes fueron los principales actores? Y sobre todo ¿qué motivó a la Unión Soviética a alcanzar tal proeza?

Nada es lo que parece

Todo comenzó en 1952, cuando el International Council of Scientific Unions declaró el Año Internacional de la Geofísica (IGY, por sus siglas en inglés) entre el 1 de julio de 1957 y el 31 de diciembre de 1958, periodo en que se tenía pronosticada una gran actividad solar y para la cual se preparaban numerosas investigaciones al respecto. En ese entonces la importancia y ventajas de un artefacto científico que pudiera orbitar la Tierra y realizara toma de muestras y mediciones en el espacio exterior ya era reconocida y comenzaba a ser difundida entre la comunidad científica de los Estados Unidos de América (EUA), motivo por el que el 29 de julio de 1955, durante la administración de su 34avo presidente, Dwight Eisenhower, se anunció que pondrían en órbita el primer satélite artificial durante el periodo del IGY.

Es importante recordar que este periodo de posguerra, en el que las heridas causadas por la Segunda Guerra Mundial aún eran recientes, la hegemonía del mundo se disputaba entre las dos naciones más poderosas de su tiempo, los EUA y la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS). La Guerra Fría estaba en plena entrada a su apogeo.

Pero, ¿por qué resulta importante recalcar esto? La puesta en órbita de un satélite artificial requería tecnología con una diversidad de aplicaciones diferentes a los fines científicos que se planteaban a la opinión pública, siendo el principal de ellos la fabricación del primer Misil Balístico Intercontinental (ICBM, por sus siglas en ingles), que pudiera cargar con una ojiva nuclear de un extremo del planeta a otro y detonarla sobre cualquier punto del globo. Tanto los EUA como la URSS tenían conocimiento de esto, y al encontrarse inmersos en la carrera por alcanzar la supremacía tecnológica e ideológica del planeta, alcanzar este objetivo era un elemento esencial para lograr dicho propósito.

El nacimiento de una idea tras la Cortina de Hierro

Ante este anuncio la URSS no podía quedarse con las manos cruzadas, pero aún antes de eso ya había un precedente de que dentro de la Unión Soviética, el interés por alcanzar el espacio ya había madurado.

Mijail Klavdiyevich Tijonravov (Михаил Клавдиевич Тионравов, 29 de julio de 1900 – 3 de marzo de 1974), fue un ingeniero soviético que comenzó a cultivar la idea de poner en órbita un satélite, cuando en diciembre de 1947 un miembro del equipo de trabajo que lideraba en el NII-4 (НИИ-4, Instituto de Investigación Científica no. 4, por sus siglas en ruso), Igor Yatsunsky, le presentó una propuesta en la que mediante la unión de varios cohetes acoplados en un solo “paquete”, podrían levantar cargas útiles de pesos considerables.

Esta idea fue una de las semillas para lo que se convertiría en los cohetes por etapas que hoy son fundamentales para la puesta en órbita de cualquier artefacto espacial, y la cual hizo considerar a Tijonravov que el poner un satélite artificial en órbita terrestre podría dejar de ser solamente un producto de elucubraciones y convertirse finalmente en una realidad.

Mijail desarrolló la idea de colocar un satélite en órbita con un cohete que constara de varias etapas en la cual mediante modificaciones del ya desarrollado misil balístico R-2, y el R-3 que estaba en desarrollo, se podría tener un mayor alcance en misiles balísticos y se tendría la capacidad de poner un satélite artificial en órbita. Presentó la idea junto con Igor en febrero de 1948 en una reunión del Consejo Científico y Técnico del NII-4, pero desafortunadamente tuvo muy poco impacto y fue recibida con escepticismo. Únicamente llamó la atención de Serguéi Koroliov y Yuri Pobedonotsev, quienes pidieron más detalles, y especialmente Koroliov, comenzó a darle seguimiento.

Cuestión de tiempo

Después de un largo camino burocrático y una labor de convencimiento político en los que Serguéi Koroliov comenzó a tener un papel fundamental, finalmente en enero de 1954 se inició oficialmente el Proyecto Científico y de Investigación No. 72 “Investigación en el tema de la creación de un satélite artificial para la Tierra”, prácticamente más de un año antes de que los Estados Unidos anunciaran que podrían un satélite en órbita durante el International Geophysical Year.

Aún así, la declaración hecha en EUA fue tomada con apremio en la Unión Soviética, lo que junto con la muerte de Stalin en 1953 facilitó mucho más las cosas para el progreso del desarrollo satelital soviético. En respuesta a la declaración estadounidense, el 3 de agosto de 1955 durante el VI Internacional Astronautical Congress, Leonid Ivánovich Sedov hizo el anuncio del lanzamiento de un satélite artificial construido en la URSS durante el IGY, anuncio que tuvo poco eco.

Bajo este panorama, en ese mismo año Koroliov propuso que con un presupuesto de 250 millones de rublos sería posible poner un satélite en órbita entre 1957 y 1958 a bordo del cohete R-7 que se encontraba en desarrollo y prometía tener la capacidad suficiente para levantar una carga útil de alto tonelaje. Finalmente el 14 de septiembre de 1955 se entregó el primer boceto del decreto sobre el desarrollo de un satélite al Presidium del Comité Central de la URSS, en el cual se mencionaban lo siguiente:

  • El satélite tendría una masa entre 1000 y 1400 kg.
  • Entre 200 y 300 kg de la masa total serían instrumentos científicos.
  • El lanzamiento sería durante la primera mitad de 1957.

Un detalle interesante sucedió durante esta etapa del proyecto, en la que la KGB ordenó que lo referido al lanzamiento del satélite en un cohete R-7 se mantuviera en secreto. También en esta etapa fue cuando se hizo la sugerencia del despliegue de un satélite de dimensiones más pequeñas, a lanzarse desde misiles ya diseñados (R-5 y R-11). Históricamente esta fue al parecer la primera mención de la idea que se condensaría en el Sputnik-1.

El boceto del decreto del 14 de septiembre en principio se retraso algunos meses, siendo hasta el 30 de enero de 1956 cuando un segundo boceto del mismo con las mismas características antes mencionadas fue aprobado por el Presidium del Comité Central. En este decreto se nombró al satélite como “Objeto D”, donde la letra D era parte de una clasificación de ojivas para misiles balísticos. También se enlistaron las instituciones soviéticas encargadas de cada subsistema del satélite además de seguir incluyendo la propuesta de un satélite más pequeño y de bajo costo.

¿Para qué 1? ¡Si podemos hacer 3!

La carga científica del Objeto D se dividía en 5 rubros principales:

  • Geofísica, con mediciones de los campos magnéticos y gravitatorios de la Tierra, así como de la ionósfera del planeta, entre otros.
  • Física, donde se buscaría poner a prueba postulados de física relativista.
  • Biología, en donde se buscaría conocer la reacción de microorganismos al ambiente espacial.
  • Astronomía, para observar la actividad solar que era el centro de atención de la época.
  • Otros aspectos manejados con mayor discreción y confidencialidad ya que se incluía la posibilidad de hacer pruebas con cargas nucleares en el satélite.

Las características técnicas del Objeto D comenzaron a definirse y empezaron a ser más modestas de lo que se había planteado en el decreto siendo un futuro satélite de únicamente 580 kg totales y con el planteamiento de que su vida útil fuera de 7 a 10 días con una permanencia de 12 semanas en órbita.

Fue en la segunda mitad de 1956 cuando Koroliov y Mstislav Kiéldysh, quien había sido parte del proyecto satelital prácticamente desde sus inicios al igual que Tijonravov, definieron 3 objetivos principales a cumplir con el satélite que serían: transmitir señales de radio, poner un perro en órbita terrestre y fotografiar la cara oculta de la Luna. Este suceso fue importante ya que fue poco después y a partir de ello, Koroliov propuso que en vez de hacer un solo satélite que realizara las 3 tareas, se realizara uno por cada una de ellas, comenzando con el más simple de todos, que era el que debería transmitir ondas de radio desde órbita; esto coincidió con que se pospuso el lanzamiento del Objeto D hasta abril de 1958, más de un año después de lo planeado, debido a complicaciones técnicas que se estaban presentando.

Sputnik 1

Crédito: NASA 

Sputnik-1

El satélite destinado a transmitir ondas de radio tendría un peso entre los 80 y 100 kg, fue nombrado PS-1 (“Prostieyshy Sputnik” por sus siglas en ruso, que significan “el satélite más simple”), y su fecha de lanzamiento se propuso para abril o mayo de 1957, siendo una fecha incluso anterior al comienzo del IGY. Esta fecha no fue muy bien acogida ya que las autoridades soviéticas deseaban que primero se realizaran 2 lanzamientos exitosos del cohete R-7 que lo portaría, que como recordaremos, también se encontraba en desarrollo.

El satélite más simple comenzó a ser desarrollado también con características que hicieron posible su diseño y construcción rápida, además de que sus subsistemas se fueron desarrollando de forma paralela. Entre sus características estaban:

  • Configuración esférica.
  • 580mm de diámetro
  • Masa total de 83.6 kg
  • Carcasa compuesta de 2 hemisferios de 2mm de grosor, unidos por 36 tornillos y sellados con resina.
  • 4 antenas en el hemisferio superior
  • Transmisor de radio (la parte más importante)
  • Fuente de poder consistente en tres baterías plata-zinc.
  • Control térmico mediante un ventilador.
  • Sistema de acoplamiento y desacoplamiento al cohete R-7.
  • Presurización interna del dispositivo a 1.3 atmósferas (1.3 veces la presión atmosférica de la Tierra a nivel del mar) con gas nitrógeno.

Los principales objetivos de este satélite fueron:

  • Hacer cálculos de la densidad de la alta atmósfera, calculando esto con el progresivo decaimiento que tuviera la órbita del dispositivo.
  • Estudiar el comportamiento de la transmisión de ondas de radio a través de la ionósfera.
  • Estudiar el funcionamiento de los sistemas de desacoplamiento entre el satélite y el cohete.

A la par de la realización del satélite, la URSS daba noticias fragmentadas al mundo de que ya habían resuelto el problema de poner algo en órbita y que incluso estaban a punto de lograrlo, pero estas noticias tuvieron poco impacto entre la mayoría de la sociedad occidental.

En la recta final

Finalmente, en agosto de 1957, y después de un arduo proceso de manufactura de los subsistemas y experimentación con los mismos, se realizó la integración del satélite para la que Koroliov pidió que se realizara en un cuarto limpio, por lo que fue necesario construir instalaciones especiales para la tarea en el Cosmódromo de Baikonur, Kazajistán, donde se realizaría el lanzamiento.

El cohete en que sería lanzado ya estaba terminado y fue enviado a Baikonur desde la planta de producción OKB-1 en Podlipki para arribar el 22 de septiembre. Casi inmediatamente después (entre el 26 y 27 de septiembre) se le realizaron pruebas termomecánicas al satélite con la finalidad de asegurar que resistiría las condiciones de su lanzamiento.

Una de las curiosidades del satélite es que sus emisiones podrían ser escuchadas desde cualquier radio convencional en tierra, por lo que el 1 de octubre, Radio Moscú dio a sus escuchas las frecuencias en las que podrían captar el mensaje del futuro acompañante del planeta.

Para la mañana del 3 de octubre, cohete y satélite fueron enviados a la locación de ensamble para acoplarlos y realizar las preparaciones anteriores a su lanzamiento. Finalmente el 4 de octubre de 1957, a las 5:45 horas de Moscú, se comenzó la carga de combustible en el cohete.

Пуск! (Pusk)

A diferencia de los lanzamientos estadounidenses cargados de emoción y dramatismo con su cuenta regresiva, los lanzamientos soviéticos y rusos no realizan este paso. Una vez que están corroborados todos los sistemas del lanzamiento, se da la orden “pusk” (lanzamiento, en ruso).

Así fue como el PS-1, posteriormente conocido por el mundo como Sputnik-1 (Sputnik significa “compañero de viaje”), fue lanzado desde un cohete R-7 a las 22:28:34 horas (hora de Moscú) del 4 de octubre de 1957. El lanzamiento ocurrió en su mayor parte dentro de los valores nominales calculados para la trayectoria del cohete. Sí, en su mayor parte, ya que hubo algunos desperfectos con a primera etapa del cohete al haber un consumo exagerado de queroseno (el combustible del cohete) y algunas variaciones en la trayectoria del mismo que terminaron dejando al PS-1 en una órbita aproximadamente 80 km más baja de lo planeado.

Afortunadamente su cambio de órbita no representó problema alguno, ya que el funcionamiento del satélite también fue nominal dentro de los parámetros establecidos y su señal comenzó a ser recibida minutos después de realizado el lanzamiento iniciando oficialmente la era espacial. El satélite tardaba 98 minutos en dar una vuelta completa al planeta y transmitió información por 22 días antes de que sus baterías se agotaran, realizando 1440 vueltas y reingresando a la atmósfera terrestre el 4 de enero de 1958 cumpliendo 92 días en el espacio.

Alrededor del mundo este suceso causó un impacto extraordinario, desde miedo por una inminente guerra nuclear hasta admiración total por la nación que había alcanzado lo que mucho tiempo estuvo atrapado en la imaginación humana. Fue así como la URSS tomó la delantera e inició de buena manera la carrera espacial. El impacto fue tal, que después del lanzamiento más del 90% de la población estadounidense sabía qué era un satélite, cuando antes del mismo ni siquiera el 50% tenía conocimiento de ello.

El gobierno de EUA no tomó el lanzamiento como una amenaza, ya que no relacionaba directamente la puesta en órbita con la capacidad de alcanzar objetivos intercontinentales con misiles balísticos, llegando incluso a demeritar el suceso debido a la forma física del satélite. Esto fue radicalmente opuesto a la opinión pública donde se gestó de mayor forma una posición de miedo e incertidumbre acerca de un bombardeo nuclear casi inminente por parte de la URSS sobre territorio estadounidense.

Ingeniería hecha poesía

La poesía, al igual que todo el arte, tiene la finalidad de inspirar sensaciones y sentimientos en quienes perciben la obra a través de sus sentidos. Si bien no es adecuado decir que el PS-1 fue una obra de arte en sí, es válido decir que tiene un toque artístico gracias al impacto que tuvo en la población que tuvo la oportunidad de ver el primer punto brillante del cielo hecho por manos humanas, y como toda obra trascendental, no quedó en sus espectadores directos, sino que rompió los confines del tiempo para convertirse en la inspiración de generaciones enteras para continuar la carrera por conquistar el cosmos.

 

Por Francisco Moisés García Hernández

 

Ilustración blanco y negro

 

Fuentes

Garber, S. (2007, octubre 10). Sputnik and the Dawn of Space Age. Recuperado de: http://history.nasa.gov/sputnik/

4-й Центральный научно-исследовательский институт Министерства обороны Российской Федерации : Министерство обороны Российской Федерации. (s. f.). Recuperado de: ens.mil.ru/science/SRI/infrmation.htm?id=10807@morfOrgScience

Zak, A. (2012, octubre 3). Sputnik’s origins. Recuperado de: http://www.russianspaceweb.com/sputnik_origin.html

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